En dándome a oler cualquier vino, acierto la patria, el linaje, el sabor y la dura
Mediado ya el año del cuatricentenario, no podía dejar pasar la ocasión de traer aquí una cita sacada del Quijote. Pertenece al capítulo XIII de la segunda parte, titulado Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque, con el discreto, nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos. La frase completa y literal de Sancho Panza es como sigue: "¿No será bueno, señor escudero, que tenga yo un instinto tan grande y tan natural, en esto de conocer vinos, que, en dándome a oler cualquiera, acierto la patria, el linaje, el sabor y la dura, y las vueltas que ha de dar, con todas las circunstancias al vino atañederas?"
Son muchos los pasajes de la obra donde aparecen temas relacionados con el vino, como el episodio del bálsamo de Fierabrás en el capítulo XVII de la primera parte o el lance en la venta con los odres (capítulo XXXV, así mismo de la primera parte). Pero he elegido precisamente éste porque la afición y sapiencia de que se ufana el escudero se ha extendido en nuestros días de forma y manera que ha acabado generando un importante flujo turístico.
Se trata, obviamente, del enoturismo o turismo enológico (no confundir con el ecoturismo), un fenómeno que un país tan vitivinícola como España no debería pasar por alto. Las actividades lúdicas y culturales posibles en torno al vino son múltiples y variadas: desde las fiestas de la vendimia o la visita de bodegas y viñedos, hasta la vinoterapia en balnearios, pasando por las ferias gastronómicas o los talleres de cata.
Expertos del sector cifran en diez millones de personas los clientes potenciales del enoturismo en España. En febrero de este año tuvo lugar el II Congreso Nacional de Enoturismo, en Madrid, y en abril se celebró Destino Vino, I Salón Internacional del Turismo del Vino, en Logroño. Sin embargo, un estudio de la consultora Deloitte, revela que el gasto medio de un enoturista en España no alcanza los 10 euros diarios y que la estancia media de este tipo de turismo en las zonas vitivinícolas en nuestro país es inferior a los dos días. Además, tan sólo entre el 5% y el 10% de las bodegas pueden ser visitadas. Niveles muy inferiores en todos los aspectos a los de otros países como Francia o Alemania.
Pese a todo, van surgiendo empresas y organismos enfocados a atender al enoturista. Desde regiones y ciudades indefectiblemente unidas al vino, como La Rioja o Valdepeñas, hasta otras cuya actividad en este campo es prácticamente desconocida para el gran público, caso de la Tierra de Barros extremeña, cada vez se le presta más atención.
Se trata de una buena alternativa, creo yo, en un mercado turístico maduro como el español, para al menos complementar ese cuasi-monocultivo exhausto, que muchos se empecinan en seguir explotando y suele llamarse turismo de sol y playa.
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