Ventas internacionales de servicios, tales como patentes, seguros, banca, asesoramiento o consultoría profesional; no existiendo productos tangibles que deban transportarse al extranjero.
En este sentido, el consumo de un turista equivale también a una exportación para el país receptor. Éste no incurre en costes de transporte, ya que el propio consumidor se desplaza a su territorio. Sin embargo, a menudo ha de importar parte de lo consumido por los turistas y también puede tener que pagar comisiones a agencias y turoperadores extranjeros.