Uno de los clichés más manidos del marketing hotelero. Ya se aplica a todo tipo de establecimientos, no sólo alojativos, además de a pueblos, fiestas, playas y todo, en fin, lo que al escribidor de turno se le ocurra.
Jesús Felipe atribuye la invención de este calificativo a
Fernando Gallardo, quien en su primera guía [
Hoteles con encanto, El País-Aguilar, 1991] llamaba
hoteles con encanto a esos establecimientos hoteleros que buscan el detalle, lo pequeño, lo personal.
Fernando Gallardo decía en 2001: [...] es cierto que está cambiando un poquito el concepto de encanto y si antes era un compendio de amabilidad, de cariño familiar, de arquitectura interesante, de decoración armoniosa y ambiente cálido, hoy además nos hemos vuelto más exigentes con el concepto de instalaciones y servicios. Ya no es de recibo que el propietario de la casa te reciba con mucha amabilidad y cariño pero no tenga una buena infraestructura de acogida, que la reserva no se haga en el momento o que se ausente de noche porque vive cerca, o en algún caso lejos. Hoy la hostelería moderna obliga a que a todo ese marco decorativo y ambiental se le unan cada vez más servicios porque el viajero se ha vuelto más exigente y quiere que le traten bien y de una manera profesionalizada. Creo que la guía de "Hoteles con encanto" es en este sentido la apuesta más firme que hacemos.
En 2007, Gallardo dijo que al principio [en 1991], consideraba hoteles con encanto "hoteles pequeños, familiares, con alguna característica singular"... "ahora [en 2007] se considera si tienen encanto en función de su conceptualización, de la capacidad que tienen para provocar emociones, para vivir experiencias".
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