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Los acantilados blancos de Dover
Surgiendo
como un límite que
se diría artificial
entre el cielo y la tierra,
por lo imponente de su color
y sus formas, descubrimos
los acantilados blancos de
Dover. Esta muralla natural
se alza en la costa de Sussex,
al sureste de Inglaterra,
entre Seaford y Eastbourne.
Dover tiene uno de los puertos
más importantes de
toda Inglaterra tanto por
tráfico de mercancías
como por el de pasajeros.
Desde este punto geográfico,
en días claros se
puede columbrar la costa
francesa, al otro lado del
estrecho de Dover o paso
de Calais.
Los acantilados forman parte de un parque natural llamado Seven
Sisters Country Park, cuya extensión
es de 280 hectáreas.
La ciudad de Dover, con alrededor
de 39.000 habitantes,
se encuentra a poco más
de 18 millas náuticas
(unos 34 kms) de la Europa
continental.
Son muchos los turistas que prefieren dejar de lado la ciudad para entregarse
por completo al placer que
produce la inmensidad de
los acantilados, tan numerosos
por aquí. Aquellos
que deseen acercarse a esta
maravilla disponen de varios
cruceros que ofrecen recorridos
turísticos. Y si se
tiene intención de
ahondar aún más
en lugar, no se podrá obviar
en modo alguno el histórico
castillo de Dover.
Desde la costa francesa, el acantilado se presenta sus 106 metros de altura
como una muralla divisoria
que encandila por su luminosidad,
en ocasiones matizada de
gris. La tonalidad blanquecina
predominante en tal obra
de la naturaleza se debe
a estar compuesta de carbonato
de calcio (lo que comúnmente
denominamos tiza).
Como no puede asegurarse la
solidez de dicha formación
geológica,
se recomienda a quienes
la visitan no acercarse demasiado
al borde; es aconsejable
mantenerse a una distancia
de al menos cinco metros
del mismo. La realidad y
los números que han
presentado los estudiosos
del tema aseguran que la
acción del mar menoscaba
anualmente entre 2 y 5 centímetros
de su superficie.

La confusión del término
latino album y el
celta albion dio
lugar a leyenda que atribuye
el nombre clásico
de Gran Bretaña -Albión-
al color de los acantilados
de Dover. No obstante,
la raíz
indoeuropea común y su uso
frecuente en topónimos
parece fuera de duda. En
cualquier caso, estos cantiles
blancos ya empezaron a conformarse
durante la era glaciar, dando
lugar finalmente a una suerte
de barrera natural cuasi
inexpugnable por eventuales
invasores procedentes de
allende el mar.
En esta maravilla natural
habitan diversas especies
animales, predominando las
aves. La National
Trust (algo
así como el
Patrimonio Nacional británico)
la ha incluido entre sus
lugares más relevantes.
Por otro lado, sorprende comprobar
cómo en estos mismos
acantilados existen zonas
de cultivo de trigo que contrastan
abrupta y bellamente con
el blanco total de la formación
y el azul del cielo.
Resulta una experiencia inolvidable visitar el White Cliffs Experience,
un centro de interpretación
donde se nos relata la historia
de este territorio.
Artículo
redactado por Qué hoteles.com -
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Fecha de publicación:
02 de octubre de 2008
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